Adéntrate en una misión de la cual nunca podrás escapar.

4º-La travesía del Angeluss— Cobardía.

El navío se desviaba de la ruta disforme mientras que la oscura corrupción de la disformidad, en toda su putrefacta gloria, se hacía cada vez más y más con el control del crucero de combate. El efecto de dicha corrupción era apenas efectivo en los cruceros de los Marines Espaciales siempre y cuando se tratase de una infección externa, pero una vez conquistado el sistema del Espíritu Máquina era todo cuestión de tiempo. La parte más importante y sagrada de un santo crucero imperial, no tomada en cuenta en la misión de bautizo de la nave, había caído, y con el todas las almas que dentro residían.

Parecía increíble el nivel de facilidad que se necesito para poder efectuar dicha tarea, pero más impresionante era el hecho de que su trofeo era tan importante. En unas horas los demonios saldrían del portal, invadiendo los cientos y cientos de corredores metálicos, cámaras y sistemas que componían el navío espacial. Luego llegarían los verdes y malditos Marines Espaciales del Caos para hacer la verdadera purga y, al final, llegarían los lugartenientes del gran Señor del Caos Demecian, cinco grandes exterminadores, posiblemente invencibles, preparados para ponerse a su servicio. A partir de ese día se conocería al Capitán Hectus con otro titulo del cual haría gala por el resto de la eternidad.

El gran capitín cubierto por una gran capa de color cobrizo y espada flamígera esperaba en el puente de mando rodeado de los cadáveres de los pilotos y tecnomarines que allí se encontraban. Decenas de servidores yacían a sus pies, que servían únicamente para alimentar sus fuerzas y, que además, eran ofrecidos al dios del caos Nurgle, el padre de todos los males.

No le movían el poder, la vanidad, el orgullo o las ansias de gloria. No, el buscaba algo más allá, pero nunca lo había compartido con nadie. Khartas era el nombre de la tragedia que hacia sufrir de una agonía constante, el nombre del planeta donde aconteció una guerra hacía mucho tiempo terminada.

Recordaba el polvo que levantaban las pisadas de sus hermanos, recordaba la respiración pesada causada por los días y días de intensa caza, también rememoraba continuamente el sabor de la sangre y el calor de las balas en su piel. Pero lo peor fue la muerte de sus hermanos, causadas por las decisiones de apoyo erróneas tomadas por los novatos y por los odiosos mortales de la Guardia Imperial. El sufrimiento que sintió al intentar mantener con vida a sus hermanos le había acompañado el resto de su vida.

Y por eso era la venganza lo que le movía.

 

 

 

 

El Martillo de Energía se incrusto en la cabeza del Exterminador del Caos derivando en la carne quemada y los huesos calcinados que quedaron cuando el comandante retiró el arma del cráneo putrefacto. El golpe que Adolphus efectuó debería haber sido mortal y, sin embargo, el Hereje sin cabeza se mantenía aun en pie sin problema alguno.

Alzo su maza demoníaca, y con una especie de grito gutural se lanzo torpemente contra el Ángel Sangriento. Una nube violeta brotaba de dicha arma maldita, la cual aplastó el metal que pisaban de tal manera que, aunque hubiese sido esquivado, el comandante salió disparado chocando con una pared por la onda expansiva. Posteriormente el lanzallamas pesado del Exterminador escupió horrendo fuego disforme, llamas violetas que calentaban el metal hasta el punto de dejarlo al rojo vivo en apenas décimas de segundo.

Adolphus se oculto tras una voluminosa columna metálica, caliente al tacto dado al flamígero ataque, pero debido a su Servoarmadura Artesanal no tenía por que preocuparse por el tacto de dicho metal. Su mente pensaba que hacer contra tal monstruo aparentemente invulnerable a los golpes mortales: Su cabeza estaba aplastada y su armadura de exterminador estaba muy dañada. Aún recién salido de combate, el Marine Espacial del Caos debería tener algún punto de inmovilización, más accesible ahora dado al desgaste de sus pasadas acciones bélicas antes de emerger del portal.

Pero ahora que se fijaba, las armaduras de Exterminador no se agrietaban por una batalla, por larga que fuera, a menos que fuera un modelo muy muy antiguo, probablemente de poco después de la herejía, y aun así parecía un modelo bastante reciente. Ahora tenía una idea.

—Eh, ¡Traidor! ¿Como has sobrevivido a ese impacto?

—Eso no te incumbe, ¡La inmortalidad es un don solo para los que adoran a los verdaderos dioses!

Escuchó pisadas, pero no le importo, había calculado el tiempo que le tomaría al Exterminador llegar hasta su posición, y mientras esperó. Su respiración se le antojaba más pesada que de costumbre, probablemente debido al encuentro con el Marine Exterminador que le había infectado antes. Sintió también la ira de su enemigo, como emanaba fuertemente de su mente para crear un halo de terror a su alrededor. Así funcionaban los traidores, con engaños, manipulaciones y gran cantidad de artimañas sin honor.

Pero aún así, lo importante no se fijaba en su propio estado o en el del enemigo, sino en su voz, dado a que esta no provenía de la voluminosa armadura.

El comandante se abalanzó rápidamente contra su adversario, quien respondió con presteza alzando su puño en llamas para evitarle el paso. La suerte ya estaba echada, las cartas sobre la mesa, y la jugada le había dado la partida al Ángel Sangriento. Tras una finta bien ejecutada y elegantemente realizada, Adolphus hizo impactar su pesado martillo contra una de las piernas del hereje, quien cayó al suelo torpemente.

Había caído, al contrario de como hacen los Exterminadores de verdad, siquiera sus armaduras vacías cedían de esa manera. Relacionando a concepción del enemigo de lo que era una armadura de exterminador y su capacidad para poder manipular su ira como un aura, determinó que aquello era una manipulación visual o psíquica de lo que era la realidad gracias a sus poderes mentales. Era acertado decir que era un simple aprendiz a Hechicero del Caos.

—Abandónala, esta ilusión ya es inútil — Ordenó el comandante poniendo sobre el pecho del caído su Martillo Trueno.

En pocos instantes la armadura de Bellerophon acabó disipándose, dejando tras de si una armadura que vagamente recordaba al modelo MK4 usado en la herejía. Era difícil de creer que alguien como un antaño Marine Espacial, un hijo del Emperador, cayera ante el deshonor de querer parecer otro o siquiera mentir sobre si mismo. Ser un soldado al servicio del Imperio, fuese quien fuese, era el mayor honor existente, y alguien como el no merecía existir por no enorgullecerse de serlo.

—M-mi armadura, ¡Perdida! ¡Devuélvemela! — Vocifero el herético.

—No exijas a los que tienen tu corazón en la palma de su mano. Tu armadura ya obsoleta no debería aguantar el peso de ni siquiera un impacto de mi arma de energía, así que habla o te enterrare con la disformidad.

Pasaron los minutos, y temiendo por la seguridad de la nave Adolphus no podía aguantar más. Alzó su martillo y, cuando estuvo preparado para asestar el golpe final, Bellerophon soltó el lanzallamas pesado que tenía en su mano derecha. Fue suficiente para dar a mostrar su rendición.

—Si tu estuvieras en un campo de batalla durante años, rodeado de compañeros muertos, también harías cualquier cosa por sobrevivir — Escupió el Marine del Caos.

—Así que no adoras a los cuatro dioses malditos.

—Yo solo me agarré a la primera cuerda de salvamento que encontré, haré lo que sea para mantener mi vida. No espero que me la perdones, pero al menos déjame ver como se hunde este crucero maldito.

El leal bajó su arma, separándose un poco del traidor. Había visto muchos tipos de cobardes, pero no a uno que llegara a tal punto por sobrevivir, había traicionado al emperador, y ahora también lo había hecho a sus dioses para mantener la cabeza en su sitio. Abominable, pero necesitaba toda la información posible.

—Sabes que si me dejas aquí y sales corriendo a salvar a los tuyos podría escapar por el portal que ahora esta detrás de nosotros, ¿No?

—No confío en ti, hereje, pero si en que si vuelves allí, a la disformidad, tras haber rendido las armas, te esperará un destino peor que la muerte a manos de los de tu especie.

Entendiendo el mensaje y lo que verdaderamente quiso decir el comandante, Bellerophon se mantuvo en su sitio, incapaz de ponerse en pie debido al golpe previamente recibido en la pierna.

—¿Como supiste que era una ilusión? Lo de la armadura…

A su pregunta el Ángel Sangriento respondió mientras caminaba hacia el exterior de las calderas interiores.

—He visto otros como tu, que usan sus artimañas con vanos y egoístas propósitos. Puedes sentirte afortunado de que no eres el que tenga los peores motivos.

Tras desaparecer en la oscuridad de la nave, Bellerophon quedó pensativo. Sabía que sus ilusiones podían ocultar su verdadera fuerza para causar miedo en las filas enemigas, pero ahora había descubierto, después de tantos años, que tenía esas limitaciones. Igual ya era hora de dejar de ser así de cobarde por un tiempo, igual la clave de la supervivencia no era simplemente esconderse.

wayne_england_chaos_space_marine

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s