Adéntrate en una misión de la cual nunca podrás escapar.

3º-La travesía del Angeluss— Juego.

El comandante Marine Espacial quedó inmóvil, pensativo, intentando mantener la calma ante la reciente muerte de diez de los Marines Tácticos que le siguieron. Intentó regresar a un estado de paz mental en la cual maquinar alguna estrategia que le ayudara a escapar de aquella situación de cuasi cautiverio, pero el dolor y su rabia lo desestabilizaban. Era normal para los iniciados dejarse llevar por el dolor, pero no para un comandante experto, aquella munición debía ser extremadamente peligrosa.

El Exterminador del Caos se acercó al veterano, inclinando un poco su corpulento cuerpo. Su casco de cobre oxidado y sucio estaba adornado por trozos de ceramita fundida intentando emular el aspecto de una corona podrida. Sin embargo no emitía el aura hostil que los otros exterminadores le transmitieron al aparecer. Este hereje parecía traerse algo entre manos que no incluía hacerle daño.

—Siento haberte disparado, pero no sabía que tu serías el que abriera la cámara — Prosiguió el Exterminador — eres importante para los planes del Padre.

El comandante intentó levantarse de nuevo, pero todo lo que consiguió fue levantar un poco la cabeza y balbucear algo que el Marine Espacial del Caos comprendió bien.

—A-antes morir que jugar en tus sucios juegos — Intentó exclamar Adolphus.

Los efectos del envenenamiento pasaban lentamente, pero el sistema inmune de un Ángel Sangriento como el le permitía hacerle frente rápidamente y aún así le tomaba tiempo, más del que creía permitirse. Finalmente el Exterminador se dignó a explicarse decentemente, algo que el comandante creyó entender.

—Puedes esperar aquí y morir, o ir tras mis compañeros y reducirlos para salvar a los tuyos — El Marine del Caos parecía incitarle a que se esforzara un poco más, sin embargo el que le diera una opción más a la situación confundió al veterano — sin embargo salir de este estado tendrá un precio muy grande.

Adolphus ni se dignó a pensar más de la cuenta debido a que se esforzaba lo más que podía en levantarse. La armadura le pesaba, el costado probablemente le sangraba, y no disponía de la capacidad precisa en ese momento de poder razonar todas las opciones. Cada vez se levantaba más y más, llegó incluso a sentarse, pero sus fuerzas apenas alcanzaban a más.

—¿Qué tramas, hereje?

La pregunta pareció cansar al Exterminador, quien se irguió de nuevo retrocediendo unos pasos. Parecía que el comandante recuperaba fuerzas rápidamente, pero aún era demasiado pronto como para esperar nada de sus capacidades ofensivas. Finalmente el hereje empezó a caminar hacia el portal, decidido a dejar atrás aquella nave. Sus pasos eran más pesados que antes, y su gran ametralladora pesada parecía estar ya cansada de disparar. Ahora que se fijaba, Adolphus pudo examinar con más detenimiento al Exterminador mientras se alejaba: los daños de armadura eran muchos, superiores de los que una servoarmadura podría soportar y además habría hecho mella ya en su resistencia como armadura de Exterminador del Caos.

Examinando estos detalles el veterano se dio cuenta de otro detalle, pues habían daños muy recientes en las hombreras y parte trasera de la armadura putrefacta. Era posible que los Exterminadores que aparecieron estuvieran recién salidos de una batalla campal bastante brutal, lo cual explicaba con una alta probabilidad de razón los daños y la carencia de combate del ser que se encontraba delante de él.

—No me malinterpretes, comandante — Advirtió el adorador de Nurgle — aquí no soy un guerrero, solo me dedico a observar.

Y mientras este desaparecía en el portal, se dio la vuelta toscamente, arañando el suelo que pisaba hasta dejarlo brillando. Adolphus pudo visualizar su rostro bajo el casco verde y cobre, imaginando un rostro malvado y sonriente bajo aquel material protector.

—Lo divertido no es matar Marines, lo divertido es verlos sufrir. Si decides vivir, atente a las consecuencias — Finalmente el hereje se desvaneció dejando tras de si una humareda incandescente de color rosado.

Casi inmediatamente después de que desapareciera el Marine del Caos, Adolphus recobró las fuerzas que habían abandonado su cuerpo momentos atrás. Parecía hubiese sido la presencia del Exterminador lo que le hubiese arrebatado la vitalidad. Se incorporó casi inmediatamente y tan rápido como pudo aferró su mano al Martillo de Energía que empezó a brillar con un azul metálico intenso. Había llegado la hora de vengarse por sus hermanos caídos, de recuperar el honor recíen perdido, de demostrar a aquel hereje que los Ángeles Sangrientos tenían más que demostrar de lo que lamentarse en vida.

Su velocidad esprintando no era tan rápida como la de un explorador, dado a su gran armadura que en cierto momento le resultó aparatosa. Aún así era más rápido que los Exterminadores del Caos, y si los alcanzaba a tiempo acabaría lo suficientemente rápido con ellos como para poder eliminar aquellas manchas del capitulo fuera de la historia. Nadie sabría que ocurrió realmente y se controlaría mejor la información que llevara hacía quien hubiese abierto el portal.

Ahora que lo pensaba bien, ¿Como se había abierto dicho agujero en la realidad? La Disformidad, mundo de engendros y criaturas de pesadilla era difícilmente manipulable, y aunque el Espíritu Máquina del crucero fuese infectado tardaría mucho en abrirse desde un solo lado, hacía falta que el tejido de la realidad se desgarrara desde dentro de la disformidad y desde fuera.

Debía haber un traidor, y el comandante se olía que estaba muy cerca de los altos mandos del navío.

 

 

 

 

Los Exterminadores mantenían el paso más ligero que podían mientras el poder de la disformidad que les rodeaba contaminaba el metal y cuerpo gris del crucero en el que habían acabado. Su misión era simple: acabar con todas las formas de vida que no quisiesen unirse a la putrefacción del Padre y de paso, como segunda opción, capturar el crucero. Esta parte de la misión ya estaba casi resuelta, dado a la facilidad que hubo en penetrar las defensas internas del navío. Los portales eran la mejor opción para todo, o esa era la filosofía de un cobarde como era Bellerophon.

El único de los Marines del Caos allí presente sin nada que le cubriera la cara, portaba un grandísimo lanzallamas pesado que obtuvo en la primera lucha contra el falso dios Emperador, y que ahora usaba para matar desde lo más cerca de los portales. Su miedo a morir en el campo de batalla fue lo que le llevo a las manos del dios de la putrefacción, quien le otorgó gran resistencia al dolor y casi invencibilidad. Aún así su capacidad de la cobardía seguía latente.

Su sentido del escapismo se disparó cuando se dio cuenta de que estaba demasiado lejos del portal en aquel momento. Debía mantenerse cerca, por si algún tipo de criatura mecánica de los Marines Espaciales aparecía, un tanque o algo. Aunque aquello era poco probable, dado a que el lugar era demasiado pequeño y por lo que sabía el hangar fue destruido por una de sus criaturas aliadas. Precisamente eran esas malas ideas y ese imaginación tan negativa las que alimentaban aquel sentimiento de inseguridad fuera de la disformidad.

Podría decirse que aunque lo hubiese conseguido, no había nacido para ser un Marine Espacial. Y aquello se confirmo cuando, pensando en los peligros exteriores, recibió un impacto de un objeto azul brillante a gran velocidad en la espalda. El impacto reventó varios de los sistemas internos de la Armadura de Exterminador y aquello disparó sus alertas mentales.

Se dio la vuelta lo más pronto que podía mientras sus hermanos de batalla se alejaban ignorándole, como si no fuese a tardar nada en acabar con aquel Ángel Sangriento.

—¡Aparta, hereje! y acabaré con tu vida con una muerte rápida — Recito el comandante Adolphus.

—Maldito necio, verás ahora lo bien que te sentaba estar tumbado en el suelo, ¡Pero esta vez quedaras con la cabeza rodando! — Vocifero Bellerophon reconociendo al comandante que su hermano de batalla había abatido en la sala del Espíritu Maquina minutos atrás.

Ahora algo se interponía entre su lugar seguro y él. Se decía que los cobardes solo se sentían seguros si tenían segura una puerta de salida cerca, y era el momento perfecto para saber que pasaría si alguien se colocaba por delante de esa puerta.

Captain_Blood_Angel

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