Adéntrate en una misión de la cual nunca podrás escapar.

2º -La travesía del Angeluss— Susurros en la disformidad.

Al final del día la tripulación carmesí se encontraba exhausta, pero satisfecha por el feroz combate que había tenido lugar. Se rezaba al Emperador y al sagrado trono de Terra por los hermanos caídos en el Inner Sanctum del crucero. Doce recipientes permanecían inmóviles cerca del Altare Prima, listos para ser transportados a un apotecario y que se les fuera extraída la semilla genética que portaban los Ángeles Sangrientos que ahí reposaban.

No hubo celebraciones, pero tampoco lloros ante los caídos. Un Marine Espacial del Emperador nunca mostraba debilidad, incluso ante el cadáver de un amigo o hermano muy cercano. Fue así como transcurrió la noche en el navío mientras empezaban las preparaciones para el regreso a Baal. Regreso manchado por la sangre azul de los demonios y la sed saciada de los guerreros que volvían a casa, con un sabor agridulce en sus labios.

Solo había una excepción a aquel estado casi compartido de los tripulantes de Portus. El comandante Adolphus estaba preocupado, no solo por la actuación de los demonios aquel día, sino por los actos realizados por el capitán que le ordenaba en aquellos momentos. Sabía a ciencia cierta que dicho alto mando del crucero no había siquiera combatido en ninguno de los frentes existentes en la superficie del mismo transporte, y si no se equivocaba podría tratarse de un cobarde, o peor aun, de un traidor.

Pasaban las horas, y parecía que los allí presentes no se preocupaban por el paso del tiempo. Parecían más distraídos con las labores de reparación o de mantenimiento del arsenal que con varios detalles que realmente importaban, como que por ejemplo el Espíritu Máquina del gran crucero no era el mismo que cuando atravesó el portal horas atrás. Algo extraño ocurría en las profundidades del navío, en lo más profundo de su ser.

Solo el apotecario Melphast alcanzó a entender lo que allí acontecía, aunque para cuando avisó al comandante este temía que hubiese llegado demasiado tarde. Las grandes puertas del Inner Sanctum se abrieron de par en par, dejando ver la fatigada figura blanca del apotecario. Este llegó corriendo lo más rapido que pudo al interior de la sala, directo hacia Adolphus. Los allí presentes quedaron algo confundidos por la escena.

El Marine curandero no se quitó el casco, y aún así el comandante pudo imaginar el rostro de preocupación del apotecario bajo sus palabras.

—El alma del Espíritu Máquina sufre, la cámara interna de la maquinaría arde de dolor desde que entramos en el portal — Susurró Melphast.

—¿No han sido capaces los Tecnomarines de detectar tales fallas en el funcionamiento del crucero? — Preguntó su superior, no poniendo en duda las palabras del apotecario.

—Las lecturas son normales, pero precisamente es algo que las maquinas no son capaces de detectar en este ambiente señor —Prosiguió el apotecario — porque estamos rodeados de lo que se está adentrando dentro del alma de la nave.

No hizo falta palabra alguna después de escuchar aquello. El comandante empezó a caminar con paso ligero y casi simultáneamente el resto de Marines Espaciales presentes le siguieron al mismo ritmo. Una escuadra formada por diez hombres se adentró en lo más profundo de aquel coloso metálico: paredes de metal negro y complejos circuitos y tuberías decoraban aquel extraño recinto, con la única iluminación de las linternas que llevaban en los cascos. Aquel lugar no era para ningún guerrero normal, pero si el apotecario tenía razón era posible que se abriera un portal a la disformidad desde dentro de la nave, lo cual definitivamente mataría a todos los que transportaba ya fuese por una tormenta de disformidad o por la invasión de criaturas que podrían salir de ahí.

Tras varias horas de caminata una gran cámara blindada rodeaba lo que era el núcleo del Espíritu Máquina del navío. Adolphus quedó observando la colosal cúpula como si le resultara familiar dicha situación. No llegaba a entender porque, pero dicha complejidad ingeniera le producía una gran nostalgia en lo más recóndito de su ser.

—¿Alguna vez os habéis preguntado por que los herejes del Caos son capaces de infectar nuestros transportes más queridos y convertirlos en demonios asquerosos y despiadados, como paso con los Land Raiders de la Herejía?

La pregunta formulada por el comandante fue respondida por un silencio bastante incomodo, que dio a entender al veterano de cientos de batallas lo inexpertas que eran sus tropas.

—Como debéis saber casi todas las grandes máquinas del Imperio disponen de un sistema de carne y metal llamado el Espíritu Máquina. Dicha maravilla de la ingeniería provee al transporte o sistema de defensa de una especie de casi vida. Un estado de vigilancia absoluta en la que se dedica a proteger y dirigir a sus aliados, como por ejemplo un Dreadnought, pero siendo más tosco e idiota.

De repente recordó porque aquello le resultaba entristecedoramente familiar, la muerte de los compañeros de batalla no siempre acababa en un ataúd fijo o al frente de un lanzallamas, a veces, y solo a veces uno era encerrado en un ataúd metálico andante que proveía de vida a una de las armas mas mortíferas de los Marines Espaciales, el sarcófago mortal Dreadnought, en donde perecían varios de sus hermanos de batalla.

—Y como todo ser de carne — Dijo acercándose al acceso más cercano del núcleo, aferrándose a la palanca de apertura para tirar después de esta — este puede ser corrompido fácilmente.

Cuando la palanca de hierro oxidado cedió, dejando abrir la primera puerta del núcleo, una luz tenue empezó a salir del interior del sistema acompañado por un fuerte olor a  putrefacción y a un poderoso viento que desestabilizo al comandante. Para cuando habían llegado era demasiado tarde, pues el núcleo del Espíritu Máquina había sido envenenado con la mancha del Caos.

Mancha que no tardó en extenderse, puesto que la putrefacción y la carne empezaron a expandirse por el navío. Poco a poco las tuberías se hubieron oxidado y los cables transformados en una especie de tentáculos conductores: El crucero había sido corrompido desde dentro tras su primera victoria, lo cual estremeció al comandante junto al apotecario. El primero se dirigió hacia el centro del núcleo, desenfundando su pistola bólter y apuntando contra la célula principal del Espíritu Máquina, en un intento desesperado de acabar con aquella locura.

Sin embargo no previó lo que estaba a punto de suceder, pues dos ráfagas de cañón de asalto impactaron en su pectoral y grebas de la armadura que le protegía. Algo se acercaba a grandes zancadas que se escuchaban como truenos en la lejanía. Finalmente de una humareda que desprendía un olor a podrido surgió un gran titán, varias cabezas más grande que el resto de los Marines presentes.

Un gran Exterminador del Caos había llegado al crucero por la puerta grande, derrotando en el primer asalto a uno de los mejores combatientes de la hueste angelical que allí permanecía. Otros más le siguieron, un total de cinco habían cruzado ya el portal a los horrores de la disformidad. La sangre corría a manos de los ejecutores verdes de Nurgle que habían surgido, asesinando a corta distancia a los Marines que habían acompañado a Adolphus. Vísceras y entrañas se deslizaban sobre el suelo tras humillantes masacres, haciendo que la sangre de sus interiores se mezclara con el rojo de sus armaduras. Los exterminadores siguieron su camino a excepción de uno, que se quedó a observar el dolorido cuerpo del comandante.

Este Ángel Sangriento había recibido solo dos descargas, pero sentía un dolor sin precedentes. Temiendo una gran infección debido a aquella munición demoníaca reunió todas sus fuerzas en intentar mantenerse en pie, pero apenas era capaz de moverse. El gran superhombre, protector de la humanidad y del Imperio había caído a manos de los Marines del Caos.

—No acabaré contigo — Dijo finalmente el exterminador que le acompañaba — Nurgle tiene grandes planes para tí.

warhammer_40k_tribute_chaos_space_marine_by_pierreloyvet-d5ayjg5

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s