Adéntrate en una misión de la cual nunca podrás escapar.

1º -La travesía del Angeluss— Primer contacto con el Horror.

Los cañones laterales escupían ráfagas de munición rociada de fuego al espacio como dragones escupiendo sus llamaradas hacia la noche. Los tentáculos formados por las hordas de demonios se abalanzaban sobre el crucero sin piedad, donde predominaban los Horrores de Tzeenech, cambiando de forma constantemente para que el vacío no les afectara lo más mínimo y poder atravesar el espacio con facilidad.

Sin embargo lo primero que llegó a hacer contacto con el navío espacial no fue un guerrero maldito hecho de carne. Un ser metálico se dirigía a toda velocidad hacia el crucero Portus como si fuese un proyectil. Fue impactado por una de las descargas de los cañones laterales principales, haciendo que el hierro que lo formara se tornara en un color amarillo intenso por el calor del impacto incandescente. Aún así siguió su rumbo hasta aterrizar, más que impactar sobre el navío y, recuperándose del golpe, buscó su siguiente objetivo.

Se encontraba en una zona con gravedad artificial, la cual le permitía mantenerse en pie sin problemas, también notó que no era la superficie misma del crucero de combate, más bien era una especie de hangar donde se ubicaban diferentes cazas de su mismo tamaño e incluso más grandes. Además también se podía observar frente a él la presencia de varios Marines Espaciales, invocados allí por los destrozos de la caída.

El demonio quiso rugir y mostrar sus desafiantes zarpas, pero en vez de ello disparó inconscientemente varias descargas de plasma incandescente que carbonizaron a los dos Marines presentes. Había llegado el Diablo de la Forja, que finalmente redujo a cenizas y metal fundido el hangar en pocos minutos.

 

 

 

 

Se podría decir que los demonios arrasaban con lo que veían y que inundaban la nave, pero a excepción de unos pocos de estos la mayoría eran exterminados por las numerosas medidas de defensas del navío: Torretas automáticas y lanzamísiles ligeros acoplados hacían mella en sus filas sin apenas dañar la superficie metálica del campo de combate. Mientras las ráfagas de los cañones principales eliminaban un gran número de demonios a larga distancia. El problema se ubicaba a la hora del numero, pues llegaban infinidad de demonios y no había señal de que dejaran de llegar más.

Tras haberse declarado el estado de emergencia, las posiciones de combate habían sido declaradas y se había preparado el escenario para que la Compañía de la Muerte, los Marines malditos destinados a morir en su propio corredor de la muerte perecieran a manos de aquellos Horrores multicolor. Las negras armaduras de estos Marines disponían del oxigeno suficiente como para combatir durante unas horas antes de perecer por falta de combustible natural. Además, el resto de Marines Espaciales disponibles se dedicaban al ataque a largo alcance desde lugares cubiertos apoyando a sus hermanos enfermos con fuego de bólter.

Fue el sargento Castle Danniels el primero en darse cuenta de que algo iba mal. Podía comunicarse con sus hermanos de batalla cercanos, pero al intentar contactar con un rango superior para reportar la situación no detectaba señal ninguna. Pronto se dio cuenta de que habían desactivado la señal de radio interna, o mejor dicho, que esta había sido destruida. Ordenando a su escuadra que limpiara la zona para comenzar un asalto de emergencia hacia la central de comunicaciones se abalanzó con su espada sierra sobre el primer demonio que encontró, rebanándole lo que parecía un cuello deforme y bulboso manchando el rosa de su piel con el azul brillante e intenso que parecía ser su sangre.

Tal fue su sorpresa al llegar a la central de comunicaciones externa que sus ansias de combatir se reprimieron. Una gran antena cercana al puente de mando en la superficie de la nave hacia de soporte de comunicaciones entre los Marines allí presentes y el resto del Imperio. Dicha antena estaba ahora en llamas, casi al punto de salir volando con el vacío del espacio, todo obra de un gigantesco perro de metal que parecía haber llegado allí escalando por su propia cuenta.

Junto al monstruo se encontraba una figura roja que, debido al brillo azul que emitía su gran martillo de energía, cobraba un aspecto morado sombrío cada vez que uno de sus directos ataques impactaba en la armadura del monstruo estallando en un impulso de energía azulada. Cada movimiento del Ángel Sangriento que allí arriba combatía hacía retroceder a la bestia.

Finalmente el demonio sincronizó sus fauces vestidas de cañón de ectoplasma con los cañones que se ubicaban en sus patas delanteras y disparó una llamarada azul contra su adversario. Sin ver ninguna escapatoria dado a la rapidez del disparo, saltó toscamente, alzando el gran Martillo de energía sobre el Diablo de la Forja.

Todo sucedió muy deprisa: la ráfaga de plasma no fue disparada certeramente hacía el Marine, por lo que solo le rozó el costado de la armadura. Sintiendo el calor del impacto, el comandante dirigió con presteza su arma sobre la cabeza del monstruo para que no pudiese disparar más. Con un solo golpe el rostro de la criatura quedó reducida a metal dañado y carne quemada mientras el cañón que se ubicaba en sus fauces se empezaba a sobrecalentar por el mal funcionamiento provocado por el ataque.

Un segundo impacto en lo que se definiría como el pecho de la bestia hizo retroceder al titánico ser de la plataforma en la que se encontraban, haciendo que se precipitara al vacío. En pocos segundos se hubo estrellado contra el suelo dejando tras de si grandes rastros de batalla mortal y una antena de comunicaciones inservible por el momento.

Quien bajó del ya destrozado lugar de combate no fue otro que el comandante Adolphus, haciendo gala de su poca gracia para el diálogo entre camaradas, sin antes dejar ver algo de su poco gracioso humor.

—En vez de poneros a observar como soldados de la guardia atónitos por el combate de un superior podríais haberos dedicado a darme fuego de cobertura. ¡No queda tiempo, es hora de expulsar a estos demonios al infierno del que provienen!

Sin embargo, para el momento en el que llegaron a una zona en la cual hubiesen demonios que despedazar en nombre del Emperador, las hordas de criaturas se alejaban del crucero, como si su cometido allí ya se hubiese consumado. En la punta elevada más cercana a ellos se distinguía una silueta oscura iluminada tétricamente  por la espada flamígera que la portaba. Su capa ondeaba por el rozamiento del poco aire existente en el exterior, causa del humo de las explosiones.

Aunque no se viera el rostro del soldado debido a la presencia del blanco casco, Adolphus supo que el que allí se mantenía en pie era el capitán Hectus, quien seguramente sonreía de placer tras haber liderado falsamente aquella defensa en contra de la horda del señor de la transformación.

—Hemos vencido, es hora de proseguir nuestro camino e informar a los señores del capítulo de este evento — Anunció el capitán.

El comandante veterano Adolphus dio un paso adelante como acto de desacuerdo.

—¡Pero eso implicaría abrir de nuevo el portal y abandonar este subsector! Se que no disponemos de comunicaciones, pero no podemos permitirnos dejar las cosas como están, ¡Debemos investigar que es lo que ha pasado y eliminar a esos demonios! — Contestó el veterano.

—Poco o nada haremos aquí, lo más sabio es retirarse por el momento, los demonios se han cebado con los orkos y por eso se han ido antes de que pudiésemos exterminarlos completamente — Intentó explicar Hectus — estaban medio llenos de acción para cuando llegamos, y los saciamos lo suficiente como para hacerlos huir. No hay mas que investigar.

Acto seguido se ejecutaron las ordenes del capitán, y tras dos horas de reparaciones improvisadas por los tecnomarines allí presentes el crucero de combate abandonó aquel lugar, desvaneciéndose de nuevo como una sombra en el portal de disformidad. Adolphus ya sospechaba que una sombra se cernía sobre el corazón del capitán, pero no llegaba a imaginar que era más tenebrosa de lo que cabía esperar.

Forgefiend00

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