Adéntrate en una misión de la cual nunca podrás escapar.

Prólogo -La travesía del Angeluss – Los principios de crucero Portus.

Solo faltaban pocos metros para que el crucero de combate Portus alcanzara el portal de Disformidad que le llevaría lejos de Baal, el planeta natal de los Ángeles Sangrientos, y los condujera hacia su primera batalla. Los motores de inducción rugían al mismo tiempo que el portal gruñía guturalmente de manera más violenta cuanto más se adentraba el crucero en el hasta que, al final, ya no se pudo ver de entre las densas nubes disformes la silueta de la nave de combate.

Dentro de esta marchaban los  cien hombres de la octava compañía de los Ángeles Sangrientos, un capítulo de los Marines Espaciales de su Emperador, dios del Imperio y protector de la humanidad, padre de todos aquellos soldados sobrehumanos que allí esperaban. Estaban impacientes por saborear la adrenalina y la sangre enemiga, aunque esta sed de combate no era natural, sino su maldición.

Maldición que a veces era muy bienvenida por algunos resignados.

—Al final partimos hacia la batalla, amigo mio — Decía en el puente de mando una figura alta, robusta por su armadura e intimidante por su rostro amenazante, aunque sonriente — no me gustaría hacer esperar a la horda orka demasiado tiempo.

Esté Marine Espacial observaba maravillado las mezclas de colores que el portal de Disformidad les regalaba, tonalidades rojas escarlata y rosas fucsias se mezclaban con los azules más suaves y los verdes más naturales. Era un espectáculo para la vista de aquellos quienes supiesen apreciar lo que ven, cosa que no se aplicaba al acompañante del Marine en esos momentos: más bajo, robusto y con una faz más amable que su capitán, el comandante Adolphus no confiaba de lo que le mostraba el exterior. Aquellos colores eran claramente llamadas de los demonios, ecos de sus gritos intentando embaucar a las almas que se atrevieran a escuchar, o en este caso preciso, a ver.

—La batalla debería centrarse en el enemigo interior, Hectus — Añadió Adolphus con un tono de voz algo amargo.

—¿El mutante?

—El hereje, amigo mio.

La respuesta dejó algo pensativo al capitán, era extraño que un Ángel Sangriento se centrara en otros asuntos aparte de la batalla en aquellas circunstancias. Aquello demostraba su gran capacidad de controlarse y la fuerza de su alma. Hectus cerró los ojos, meditando sus palabras.

—Te persiguen los eventos de Khartas, mi amigo — Respondió el capitán, haciendo uso de un elegante gesto de mano para demostrar la poca importancia del asunto— pero el pasado debería quedar atrás.

—Últimamente los asaltos han sido muy pocos, no se han rebelado ningún tipo de cultista desde hace semanas, y Baal parecía muy tranquila, ademas de que las actividades de los demonios han sido prácticamente nulas estos dos días en el subsector. Es preocupante que nos…

—¿Envíen a una misión de asalto contra una lanzadera orca cuando podrían haber demonios pensando en atacar Baal? amigo mio, vamos a donde se nos necesita, no a donde queremos ir. Debemos acabar con las amenazas más inmediatas para asegurar la seguridad a largo plazo del Imperio por el bien de la humanidad.

El veterano Adolphus abandonó la compañía de su superior dando media vuelta y adentrándose en el laberíntico lugar que eran los pasillos del crucero, mientras maldecía mordiéndose los labios en señal de desaprobación.

—Pero las amenazas que envenenan nos serían imparables si no se detienen a tiempo.

 

 

 

 

El portal de Disformidad se abrió lentamente a varios años luz de distancia, dejando ver como salía la enorme silueta del crucero Portus. Sus paredes rojas y sus placas metálicas reflejaban la luz de un sol rojo cercano que le hacía coger a la nave aspecto de navío en llamas, portadora de la muerte, en cuyo caso era el más probable contenido.

Sin embargo otra luz, más amarillenta llamaba la atención de las decenas de Marines que se encontraban en el crucero. Allí se ubicaba una flota orka entera, diez o veinte naves de combate mas de las que habían sido informados. Sin embargo lo que extraño a la mayoría de los allí presentes no era el hecho de la cantidad, sino el estado de aquellas naves, pues ardían en el vacío del espacio, destruidas y carbonizadas en mayoría.

El crucero de combate Portus se encontraba ahora en una trampa: El portal de disformidad se había cerrado, y múltiples tentáculos multicolor se abalanzaban sobre ellos procedentes de las naves destruidas. Al acercarse bien uno podía distinguir mejor que no se trataban de tentáculos.

El grito de un cañonero que se había percatado a tiempo de la amenaza lo dijo todo. Fue gracias al hermano Jhosue que la mayoría de los tripulantes sobrevivieron a una catástrofe y destino similares a los cruceros orcos.

—¡Demonios! ¡Abran fuego!

La alarma emitida por radio llego también a oídos de los módulos penitenciarios del crucero, donde sombras de armadura negra maldita estaban encadenados y encerrados para ser liberados como balas de cañón en la guerra. La mayoría no había atendido dado a que estaban más atentos a su locura, pero varios escucharon claramente la primera palabra del aviso. Había llegado su hora.

Aquella noche rodarían las cabezas de los herejes y demonios que atentaban contra la seguridad de la humanidad y del Trono Dorado, pues la Compañía de la Muerte se había liberado a la fuerza para desencadenar el terror una vez más bajo el nombre de la rabia y la locura.

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